Hay una pregunta que esperamos en muchos de los procesos de psicoterapia que hacemos con nuestros pacientes. Especialmente en aquellos con tendencia a cuidar y a estar pendientes de las necesidades de los demás, y en los que miran más hacia fuera que hacia dentro. Esa pregunta es: “¿Pero eso no es ser egoísta?”

Esta pregunta surge cuando, después de identificar la manera que tienen de relacionarse con los demás, toman conciencia de que sus necesidades y deseos han ido quedando relegados. En ocasiones se dan cuenta de que ni siquiera sabían que estaban ahí.

En este punto comienza un trabajo de responsabilización sobre sí mismos, sobre sus necesidades y sus deseos. Comienza el trabajo en autocuidado. Y es en este momento cuando surge la pregunta.

Y es una pregunta muy razonable que expresa el miedo al cambio, principalmente en sus relaciones. Porque cuando están volcados hacia fuera son generosos, atentos. Así los valoran, y así tienden a valorarse ellos mismos. ¿Qué pasaría entonces si empiezan a darse permiso a cuidarse y anteponer sus necesidades? La lógica directa, y a veces la sociedad también, les dice que se van a convertir en personas egoístas. Con lo cual dejarán de valorarlos y apreciarlos. Y esto asusta mucho.

Nosotras les damos permiso para ser egoístas, o lo que ellos entienden por ser egoístas. Trabajamos junto a ellos para que puedan decir que no, para que puedan reclamar su tiempo o su espacio, para que puedan pedir si necesitan algo de los demás.

Y según se van dando permiso ellos mismos, descubren que tienen todo el derecho a hacerlo y que se van sintiendo cada vez más cómodos en ese nuevo papel, en ese nuevo escenario de relaciones en el que ellos también cuentan y también son importantes. Un escenario en el que aprenden a hacerse cargo de sus necesidades y de su propia vida.