Hace unos días saltaba la noticia de un padre que había matado a su propio hijo para hacer daño a su expareja, la madre del niño. Parece ser que este hombre contaba con una condena por maltrato y una orden de alejamiento de su exmujer, pero ninguna medida de protección hacia el niño. Y sobre esto nos gustaría reflexionar hoy. Porque, desde nuestro punto de vista, creemos que en estas situaciones los niños quedan desprotegidos.

Y es que, cuando existe maltrato en la pareja, los niños siempre sufren. Hemos comentado ya en multitud de ocasiones que los niños necesitan sentirse protegidos y seguros, pero es difícil que esto ocurra si papá y mamá no se hablan bien, no se respetan y no se cuidan. Y mucho más si esto va escalando y se convierte en gritos, amenazas e incluso en agresiones físicas.

Cuando todo esto ocurre, no sólo estamos sometiendo a los niños a situaciones de estrés que no entienden y en las que se sienten absolutamente perdidos y desprotegidos, sino que además les estamos enseñando un modelo del amor y de las relaciones muy tóxico. Porque sumidos en este ambiente, aprenden que el amor duele y justifica cualquier comportamiento hacia el otro.

Y para nosotras, esta es la clave. Porque alguien que entiende así sus relaciones, y sobre quien las autoridades consideran que supone un peligro para su pareja, difícilmente puede cuidar a un niño como necesita. Porque si uno de sus padres está en peligro es imposible que se sienta seguro.

Creemos que, en esto, nuestra sociedad aún tiene que madurar. Aunque vamos avanzando y tenemos mucho más en cuenta a los niños que antes, tenemos que trabajar en poner la seguridad y el bienestar de los niños en nuestro foco de atención.

Porque aunque la violencia no sea ejercida directamente contra ellos, si existe a su alrededor, los niños se convierten también en víctimas de esa violencia y han de ser protegidos.